Del Chicamocha para el mundo con “Adiós al amigo”
BLOG Del Chicamocha para el mundo con “Adiós al amigo” El western santandereano de Ivan D. Gaona Por: Daniela Anaya Robayo Septiembre 09 de 2025 La primera vez que escuché el nombre de Gaona fue en 2013, gracias a un cortometraje llamado Completo. Ese corto, parte de una trilogía que hizo por esos años, marcó un antes y un después en mi manera de ver cine. Desde ahí entendí que el cine no era un territorio lejano al que yo debía pedir permiso para entrar: también podía hablar desde lo local, desde la tierra y lo que conozco. Creía —de verdad lo creía— que para hacer una “gran” película necesitaba exactamente eso: esos rostros, esos presupuestos, esos paisajes. Completo me volteó el mapa. Me mostró que lo local tiene demasiado por contar y que, en manos de un buen director, las historias más cercanas son las que más poder tienen. Su trabajo con actores naturales, el habla, los gestos, la vibra inconfundible de pueblo y ese universo tan auténtico, me pareció en mis inicios algo cautivador. Después vino Pariente (2016), un primer indicio de western que era notable gusto del director, y con esa película entendí el verdadero poder de su cine. No solo por lo que significó para mí, sino porque fue la película que logró lo que yo nunca pensé posible: llevar a mi papá —un hombre que no creía en el cine, que no disfrutaba de una sala oscura, que no se interesaba en películas— de vuelta al cine. Recuerdo que, como regalo de cumpleaños, le pedí que me acompañara a verla. Pagué su boleta, no le conté mucho, y nos sentamos. Al salir, después de ver incluso los créditos hasta el final, mi papá ya no era el mismo. Me repetía, impresionado, lo exacto del maquillaje, la piel curtida por el sol, las uñas sucias de campesino, las voces que sonaban a verdad. Para él, como hombre de pueblo Santandereano, fue un reencuentro con sus raíces. Y para mí, un regalo: compartir con él por primera vez la magia del cine. Ficha técnica Título original: Adiós al amigo Año: 2025 Duración: 118 min País: Colombia Dirección: Ivan Gaona Morales Guion: Ivan Gaona Morales Música: Edson Velandia Fotografía: Andres Hernandez Reparto: Willington Gordillo Duarte, Cristian Hernández Castillo, Marina Olarte, Suetonio Hernández. La llegada de Adiós al Amigo Casi diez años después, Iván regresa con Adiós al Amigo. Desde su primer minuto hasta el último, la película nunca pierde esa identidad criolla y local que tanto orgullo me da. Ambientada en 1902, finalizando la Guerra de los Mil Días, seguimos a Alfredo Duarte Amado, el clásico antiheroe —Por supuesto, con Willington Gordillo, aquel que ya conocimos en Pariente—, un desertor que recibe un telegrama con la noticia del embarazo de la esposa de su hermano. Emprende entonces un viaje físico y espiritual para encontrarlo, acompañado de un fotógrafo retratista que busca al asesino de su padre —Cristian Hernández, el rostro que vi por primera vez en Completo —. La película vuelve a reunir a esos actores que han crecido junto a Gaona desde los primeros cortometrajes, pero ahora con un trabajo mucho más maduro, mucho más profundo. Verlos en pantalla grande, evolucionados, llevando el alma santandereana a tierras tan lejanas como Tokio, es un orgullo indescriptible. En Colombia casi no se habla de western. Pareciera que el género no tuviera mucha cabida en nuestro cine, pero Adiós al Amigo demuestra lo contrario: el western no necesita desiertos de Arizona ni cowboys anglosajones para brillar en el género. El Cañón del Chicamocha, árido, inmenso y majestuoso, es un escenario que respira western por sí solo, convirtiéndose en un personaje más en la obra. La fotografía de Andrés Hernández se adentra en el estilo del spaghetti western, con grandes planos generales que encuadran la pequeñez de los personajes frente a la inmensidad del paisaje. La composición trabaja constantemente referentes del género. Amé los rostros curtidos, la luz natural dura y polvorienta. Además, como toque favorito personal, Andrés juega con los zoom dramáticos, característicos del género, que me sacaron más de una sonrisa, porque no los esperaba. Actores naturales: el que puede, puede. Uno de los mayores logros de Gaona, desde Los retratos, ha sido su defensa del trabajo con actores naturales. Pero aquí no se trata solo de un gusto personal: es un proyecto de largo aguante. A lo largo de más de diez años, Gaona ha hecho crecer a sus actores con él y sus relatos, hasta el punto de convertir a Güepsa, su tierra natal, en un “pueblo de cine”. En la mayoría de los círculos cinematográficos, trabajar con actores naturales genera controversia: algunos lo ven como una limitación, una especie de obstáculo frente a la “calidad” interpretativa que pueden dar los profesionales y un trabajo “poco profesional”. Y no les falta razón en un aspecto: es un camino complejo que no cualquiera puede transitar. La falta de técnica puede traducirse en rigidez, puede fácilmente perderse la intención de una escena con solo una mirada mal hecha o un diálogo sin emoción, finalmente en un trabajo actoral menos pulido. Por eso muchos directores prefieren rodearse de intérpretes formados, para garantizar control, efectividad en el set y por supuesto menos trabajo. Gaona desafía por completo este pensamiento, con trabajo arduo y resultados visibles. Lo que para otros es una desventaja, para él se convierte en esencia. Su mirada parte de lo comunitario y lo identitario: no extrae del pueblo un “identidad” pasajera, sino que construye el cine con el pueblo desde el costumbrismo más fiel. Con paciencia, con años de convivencia, va sembrando una relación de confianza que permite que sus actores crezcan en paralelo a sus historias y a los retos de su propia cinematografía. Así, Güepsa no solo es su lugar natal, que gracias a él, ya muchos conocemos, sino que también es ahora, un espacio donde la ficción se cuenta desde sus propias historias, donde cada gesto, cada acento, cada silencio tiene un valor de
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